El camino de la Iglesia Greco-Católica no es el camino de unión entre ortodoxos y católicos

El camino de la Iglesia Greco-Católica no es el camino de unión entre ortodoxos y católicos

– Carta abierta a Su Santidad, el Papa Francisco –

florin bojor, statuie inocentiu micu-klein

Florin Bojor, statuie Inocentiu Micu-Klein

Santo Padre, Papa Francisco:

En la última carta que le envié el 29 de junio de 2015, fiesta de san Pedro apóstol, le informé sobre la imagen obsoleta, distorsionada, estereotipada, que todavía está impresa en la mente colectiva de los practicantes cristianos ortodoxos rumanos, incluidos los teólogos, producida por la ignorancia de los grandes cambios que se dieron en la Iglesia católica a través del Concilio Vaticano II (1962-1965).

Scrisoare papa Francisc

Scrisoare papa Francisc

Además, le remarqué la particularidad nacional de la ortodoxia rumana y le informé, si eso es posible, que el diálogo para la unificación entre ortodoxos y católicos a través de los católicos húngaros no lleva a resultados palpables, dado que el legado histórico de la conciencia colectiva a lo largo de 1000 años de dominio húngaro sobre los rumanos no es fácil de olvidar. Hace poco, el año pasado, el 1 de diciembre de 2018, celebramos los 100 años de la Gran Unión de Transilvania con Rumanía, y muchos húngaros, incluidas las autoridades, se lamentaron ese día…

El ejemplo más elocuente en nuestros tiempos sobre la necesidad de comprender las particularidades nacionales dentro de la ortodoxia podría ser la autocefalia (independencia) de la Iglesia Ortodoxa de Ucrania de la Iglesia Ortodoxa de Rusia. El pueblo ucraniano quería mayoritariamente una Iglesia independiente y, por la misericordia de Dios, el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, la ha hecho posible, pese a que, como es lógico, los ortodoxos rusos se resistieron y se opusieron a través de la implementación de un gran cisma en la Ortodoxia (se opusieron amenazando con un gran cisma en la Ortodoxia). ¡Parece que el tiempo del imperialismo del primado del Patriarcado de Moscú entre los ucranianos ortodoxos ha llegado a su fin! Por tanto, el Patriarcado Ortodoxo de Rusia ha de limitarse a sus creyentes de habla rusa, y los fieles ucranianos ya tienen su propio Patriarcado Ortodoxo con sede en Kiev.

Encontramos la misma situación en el otro Estado de habla rumana, la República de Moldavia, donde el Patriarcado de Moscú no quiere renunciar a sus fieles, que, pese a ser moldavos, hablan el mismo rumano que yo en Transilvania. Desde 1992, la Iglesia Ortodoxa Rumana ha reactivado su autoridad sobre esos fieles de habla rumana en este Estado a través de la Iglesia Metropolitana de Besarabia, cuya autoridad fue prohibida por el régimen zarista (1812) y luego por el comunista (1944).

Por tanto, la particularidad nacional de la ortodoxia, según la cual un idioma tiene una sola autoridad eclesial, es un principio que debería tenerse en cuenta en el diálogo de unión entre católicos y ortodoxos. Así, en la década de 1980, varios españoles de Cataluña se dirigieron al Patriarca Teoctisto de la Iglesia Ortodoxa Rumana para pedir el establecimiento de un Iglesia Ortodoxa Española. Como era natural, el patriarca Teoctisto se negó, alegando que los españoles tenían ya una Iglesia, a saber, la Católica. Pero el Patriarca de Serbia, por el contrario, en un planteamiento que parece imperialista, abrió la Iglesia Ortodoxa Española, que todavía existe en la actualidad.

En tal clave, la del imperialismo eclesiástico, en nuestro caso del Vaticano, está considerada y entendida hoy la Iglesia Greco-Católica de Rumanía –la Iglesia Rumana unida con Roma– por la mayoría de los practicantes ortodoxos rumanos.

Como ya sabe, como graduado de la Facultad de Teología Católica de Barcelona y la Facultad de Teología Ortodoxa de Cluj-Napoca, con gran dolor en mi corazón, lo confieso, Santidad, se ha incrementado el odio entre los cristianos rumanos ortodoxos y los cristianos rumanos greco-católicos en los últimos 30 años: violencia verbal, las demandas antre tribunales ateos, destrucción de lugares de culto… con tales pecados está sembrada la historia del cristianismo rumano de Transilvania en estos últimos tiempos. Esta realidad de animadversión entre los rumanos ortodoxos y los rumanos greco-católicos no es nueva, sino, desafortunadamente, se encuentra ya en el mismo momento de la creación de la Iglesia Greco-Católica en Transilvania, hace más de 300 años.

Tal vez los pensamientos que le estoy confesando son subjetivos. Por tanto, recurriré ahora al más famoso sermón sobre el tema, pronunciado por Simion Bărnuţiu. Se trata de un sacerdote greco-católico, perteneciente a la élite intelectual, religiosa y política rumana de las tres principales provincias históricas rumanas. Es el famoso „Discurso del Blaj”, pronunciado en la catedral que Su Santidad visitará, D.m. Considerado uno de los padres de Rumanía, este sacerdote estuvo en la Asamblea Nacional de 1848.

Simion Bărnuţiu, o Bărnuţ (1808-1864), en efecto, es una figura enorme de nuestra herencia política del siglo XIX. Abogado, historiador, periodista, filósofo, profesor y dirigente político de Transilvania del siglo XIX, goza de una gran autoridad, respetada por todos.

Sobre él escribió el greco-católico Corneliu Coposu, el padre de la democracia actual de Rumanía, después de la caída del comunismo del 1989, hace muchos años, en 1941, cuando dijo, con ocasión de la publicación del Testamento de Simion Bărnuţiu, lo siguiente: “El significado de la personalidad y la obra de este gran pensador político es que concentró en un sistema de doctrina las aspiraciones de Transilvania, que aún no se comprendían del todo. Reunió todos los argumentos de la ley natural y de carácter histórico-jurídico, que abogaron por el interés de los rumanos y dieron los primeros pasos para el debate público sobre los fundamentos legales de nuestra causa. (…) En el discurso de Blaj, que es el libro de las libertades de Transilvania, que lucha por su independencia política, el gran revolucionario pronunció, entre otras cosas, el famoso pacto testamentario para las generaciones futuras”[1].

El sermón de Bărnuţiu es un tratado de historia civil y eclesiástica, expuesto oralmente, donde por primera vez se lleva a cabo un análisis histórico-crítica, desde el púlpito de la catedral greco-católica de Blaj, sobre la unión de los rumanos con Roma en la Iglesia Greco-Católica[2].

La parte tercera de su sermón está dedicada principalmente a temas religiosos como el calvinismo y la propia existencia de la Iglesia Greco-Católica. Sin entrar en problemas dogmáticos, el orador hace un análisis del comportamiento moral y religioso de los católicos y calvinistas, así como su intento de “hungarización” a través de la religión. En otras palabras, el componente político apagó “poco a poco la religión cristiana del amor fraternal”.

El centro de la parte teológica es la división de los rumanos a través de la unión con Roma. Bărnuţiu confiesa los desencantos familiares y sociales nacidos después del paso de los ortodoxos rumanos al greco-catolicismo, señalando, por un lado, la humillante y degradante situación del clero y de la gente rumana de los siglos pasados ​​y, por otro lado, el engaño de los emisarios jesuitas y los logros de la Escuela Transilvana. Considera que estos logros de la Escuela Transilvana son modestos en comparación con sus expectativas nacionales, y se pregunta si merece la pena esta unión.

Así, puede decir: “Los rumanos, para escapar de la burla de muchos, dieron la prioridad a esta unión” (pág. 85), con la cual “finalmente se había resucitado a los rumanos para que no se desmayaran; la unión les despertó de su sueño y les animó con espíritu de vida. (…) Pero no olvidemos hacer un balance de las heridas que nuestra nación ha sufrido a través de esta unión” (pág. 91). “¿Qué pecado ha cometido nuestra Iglesia? También nos preguntamos, con el Obispo Inocente: si no ha pecado al unirse, ¿por qué castigarse con la infidelidad del desertor? Con la unión, de repente, se produjo un odio entre los rumanos, que ha durado más de 80 años” (pág. 95). “Ahora, ¿qué diremos de todas estas uniones y de toda su bondad, cuando veamos que todo esto tan solo fueron los ladridos con que nos han captado; las furias con las que lucharon contra nosotros; los miedos con los que hemos sido asustados; las serpientes con las que nos han envenenado?” (pág. 105).

La propia tesis de Simion Bărnuţiu sobre la unión en la Iglesia Greco-Católica es: “que no teman (los ministros de la iglesia) que quieran que toque la naturaleza dogmática de la unión, porque la considero sólo políticamente, como una relación profana entre los húngaros y los rumanos; solo sobre la unión, en este sentido, digo que el Strigonium (Esztergom o Estrigonia, la ciudad del primado de la Iglesia Católica Romana en Hungría) se hizo a favor de la Iglesia húngara y para la subyugación y caída de la Iglesia rumana; el Strigonium fue plantado en el corazón del Emperador Leopoldo y de los rumanos; el Strigonium fue regado por los jesuitas; el Strigonium creció; (…) y el Strigonium se llevaba todas las cosas sobre la unión a la Corte de Viena y a la Santa Sede de Roma, y ​​sin su influencia y voluntad no se hizo nada en las cosas de la Iglesia Rumana, como no se hace hoy” (pág. 85-89).

El hecho de que encontremos este análisis histórico-crítico en 1848, expuesto por un clérigo greco-católico a las élites intelectuales clericales greco-católicas y la aceptación de su sermón, muestra el equilibrio y la lucidez que tenía la segunda generación de la Escuela de Transilvania.

La misma lucidez se dio en los clérigos y gobernantes greco-católicos en 1918, cuando esta Iglesia fue un pilar para la realización de la unión política de Transilvania con Rumanía, dirigida por el cardenal Iuliu Hossu y el político greco-católico Iuliu Maniu, los cuales, luego, han sufrido encarcelamiento, persecución e incluso martirio, junto con otros sacerdotes y cristianos de las confesiones ortodoxa, católica, greco-católica, protestante y neo-protestante durante el régimen comunista (1945-1989).

Hablamos de un régimen criminal, bárbaro, ateo y radical que, en nombre de la unidad del pueblo rumano, consideró que el fin justifica los medios, como el presidente comunista Nicolae Ceausescu le dijo al Papa Pablo VI, en 1973: “ya lo dijimos irrevocablemente para siempre (la cuestión de la Iglesia Greco-Católica). Es un problema religioso y tambien estatal. No existe para nosotros. Tenga en cuenta que no vamos a dejar de ver la unidad del pueblo rumano”[3].

Hoy en día, Rumanía es un país libre y la próxima visita de Su Santidad confirma esto: nadie cree que la unidad del pueblo rumano pueda peligrar por la existencia de la Iglesia Greco-Católica, pero la unidad entre ortodoxos y católicos a través de la Iglesia Greco-Católica no es un camino por el que los practicantes ortodoxos puedan ir. Y más teniendo en cuenta que, en la visita del Papa Juan Pablo II hace 20 años, en 1999, en Bucarest, la multitud gritó: “¡Unidad, Unidad, Unidad!” Si el camino de la unión fuera la Iglesia Greco-Católica, entonces los ortodoxos que deseáramos la unidad cristiana seríamos greco-católicos, y, sin duda, no lo somos…

Ruego a Dios que la visita de Su Santidad, de la cual me alegro muchísimo, como miles de rumanos, sea un verdadero paso hacia la unidad entre católicos y ortodoxos. Perdone mi atrevimiento de escribir estas palabras sobre la Iglesia Greco-Católica de Rumanía, pero asumo totalmente lo escrito y, por lo tanto, la carta que envío a Su Santidad, en español y rumano, es una carta abierta, para que no se me acuse de que hablo a las espaldas a los creyentes rumanos greco-católicos.

Tal vez hace más de 300 años, a través de la creación de la Iglesia Greco-Católica, el deseo de Roma era unir a católicos y ortodoxos en una Iglesia, pero el resultado histórico que vemos hoy: tres iglesias, en lugar de la una sola: la Iglesia Católica, la Iglesia Ortodoxa y la Iglesia Greco-Católica. ¡Por lo tanto, Santidad, el camino de la Iglesia Greco-Católica no parece el camino de unión entre ortodoxos y católicos!

Con la esperanza de una verdadera unificación entre los ortodoxos y los católicos, le pido humildemente que rece por la paz y la tranquilidad de los rumanos.

Con reverencia y amor,

Prof. Drd. Florin I. Bojor

 

Bistriţa, a 30 de enero de 2019, cumpleaños del día de nacimiento del cardenal greco-católico Iuliu Hossu, futuro beato.

[1] Corneliu Coposu, El Testamento de Simion Bărnuţiu, en la Revista Transilvania, I, no. 44, 27 de diciembre de 1941, página 5. Acceso virtual en https://marius-andrei.ro/testament-lui-simion-barnutiu/

[2] Simion Bărnuţiu, El discurso celebrado en la catedral de Blaj el 2/14 de mayo de 1848, en la Revista Periódica Rumana de la Biblioteca „Socec”, n. 68 – 71, Bucharest, Editura Socec & Co., 248 pag. 1909. Acceso virtual en http://dspace.bcucluj.ro/bitstream/123456789/78869/1/BCUCLUJ_FG_177004_1909_068-071.pdf

[3] Ovidiu Bozgan, La Crónica de una falla predecible. Rumania y la Santa Sede durante el pontificado de Pablo VI (1963-1978), Bucarest 2004, página 283.

About Florin Ioan Bojor

teolog, filosof, traducator, jurnalist si politician roman. teólogo, filósofo, traductor, periodista y político rumano. theologian, philosopher, translator, journalist and politician Romanian.

Posted on ianuarie 30, 2019, in Opinii şi Activităţi and tagged , , , , . Bookmark the permalink. Lasă un comentariu.

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